EL Jedi Pineda era uno de los jóvenes aprendices más talentosos, su infancia había pasado bajo la tutela del gran maestro, sus habilidades sorprendían a sus maestros y compañeros, acostumbraba a estar solo la mayor parte del tiempo para poder entender los misterios de la fuerza, sus habilidades crecían conforme pasaba el tiempo.
Llegó el día en que tuvo que hacer su propio sable de luz, con paciencia y entrega buscó los materiales y el cristal que le daría el color distintivo a su sable, la empuñadura de su arma tenía unas partes negras con blanco, se las colocó como muestra de respeto por su anciano maestro, la hoja de su sable era verde.
Con el paso del tiempo se convirtió en un joven Jedi, como parte de su entrenamiento, su maestro le encomendó ir a Dagobah, le dijo que buscara una cueva y que se internara en ella, era de suma importancia que no abandonara el planeta antes de pasar esa prueba, el se dirigió de inmediato hacia allá, al llegar al pantanoso planeta se dedicó a buscar la cueva, pasaron varios días, después semanas y ninguna de las cuevas que encontró le parecieron extrañas, llegó al final de la cuarta semana, estaba sucio, mojado y cansado, se sentó en uno de los muchos troncos que existían alrededor, estaba mirando el pantano y a sus criaturas cuando sintió un escalofrió en la espalda, comprendió que había algo mas allá de la maleza, caminó hacia el lugar de donde provenía aquella energía, movió las ramas y enredaderas que lo rodeaban y vio la entrada a una cueva. En ese momento entendió supo que era el lugar que había estado buscando, entró con paso firme, encendió su sable de luz para poder iluminar el camino, llego al centro de la cueva en donde había un gran espacio vació, sintió el lado oscuro en aquél lugar y sus sentidos se pusieron alerta, de pronto todo cambió su forma y se convirtió en la sala del consejo Jedi. Él estaba al centro y a su alrededor se encontraban los caballeros del consejo y sus amigos, todos lo miraban, el joven Jedi los saludo respetuosamente; en ese momento, del fondo del salón surgió una persona envuelta en una túnica negra, avanzó al tiempo que decía: “Este es el traidor del que les he hablado, el quiere destruir la orden, siempre anda solo, ya que planea sembrar el odio y la incertidumbre en nosotros, exijo que se le castigue”, Pineda no sabía que decir, los Jedi se levantaron y sus caras se deformaron por la furia, comenzaron a gritarle: “Traidor”, el personaje de la túnica negra avanzó y siguió hablando: “Él no vale la pena… es solo un aprendiz, una persona que gusta de la soledad, dejémoslo solo para siempre en este mundo abandonado y que su pena por dejar este lugar… ¡sea la muerte!”. Los amigos de Pineda comenzaron a insultarlo, le aventaban cosas, los Jedi a su alrededor encendieron sus sables y a coro gritaron “¡muerte al traidor!”, el joven Jedi luchaba por comprender que pasaba, todo era tan real, las luces de los sables reflejaban las sombras de sus maestros, el calor aumentaba , la tensión también, en su interior sentía el rencor y la furia, el hombre de la túnica se acercó a él y le dijo “Tú no eres nada, no vales nada, eres solo algo para olvidar”. Pineda sentía un remolino en su cabeza, la ira quería salir y le ordenaba descargar un golpe sobre aquél ser, pero su mente le dió la lucidez, de su interior comenzó a fluir la fuerza, lo llenó de paz, de calma y mirando fijamente a su acusador le dijo: “¡No!, ¡Yo soy un Jedi! ¡Soy el Jedi Pineda! ¡Y los problemas y pruebas que he superado me dan mi valía!”.
En ese momento el lugar cambió de nuevo, el salón y las demás personas desaparecieron, solo quedaron el Jedi y su acusador, y con voz firme Pineda dijo: “Tú solo traes odio, engaño y maldad, lo que tú ofreces es algo que no quiero y que no necesito, por lo tanto no lo acepto”. El hombre de la túnica se agachó y retrocedió, se convirtió en una nube de humo negra y desapareció, la cueva quedó en silencio y el Jedi se dirigió a la salida.
Descansó un largo tiempo fuera de la cueva, regresó al lado de su maestro y le contó lo que había sucedido; el maestro sonrió y le dijo que era lo mejor que pudo hacer, le dijo que no dejara que las palabras hirientes de terceras personas perturbaran su mundo, la prueba había finalizado con éxito.
Después en un gran salón un sable de luz iluminó la oscuridad , el consejo autorizaba el ordenamiento a caballero Jedi a Pineda, el Jedi de la razón.
Jorge, recuerda que los que en verdad te apreciamos y valoramos, nunca dudaremos de tí y que ninguna galaxia por lejana que este, separará esta amistad.
